23 Ene Orfanatos en Nepal, pobres y ricos a la vez
Por Juan Hahn
Durante los meses de enero, febrero y marzo de 2014 realicé un viaje, donde pude estudiar y trabajar en la India y Nepal, en el transcurso de estos casi 100 días, tuve la enorme suerte de colaborar como cooperante en el servicio de urgencias del Sahid Memorial Hospital, y en el orfanato Aama Ghar de Kathmandú, la capital de Nepal.


Nepal es uno de los países más pobres del mundo, a modo de loncha de jamón de un bocadillo entre dos enormes trozos de pan, China y la India. Los únicos recursos de Nepal son el turismo y una mínima agricultura. Cuando la India cierra la frontera, el suministro de materias básicas queda interrumpido.
Sólo en la capital de Nepal hay más 4000 huérfanos que no tienen acceso al sistema sanitario.
Con este panorama, parecería lógico pensar que esta gente debiera de ser profundamente infeliz, pero esto no es así. Especialmente en los niños del orfanato he visto una alegría, una sonrisa perenne y una solidaridad, que han supuesto una auténtica lección vital.
Estos niños no tienen ni unos zapatos propios, hay una montaña de zapatos de la que cada día, se coge un par diferente y no siempre igual; una cama tiene que ser compartida por tres niños, y el único juguete que tienen más de setenta niños y niñas consiste en un juego de palas hechas de cartón y una pelota confeccionada con cuerda, que comparten con armonía.








No tienen calendario vacunal o partida de nacimiento, ni ningún tipo de documento identificativo; su única posesión es su nombre, y sin embargo estos niños, que juegan en un patio lleno de basura, y que viven en unas condiciones de ínfima salubridad, me han hecho ver lo profundamente enferma que está nuestra sociedad occidental, impregnada de un consumismo que hace que nunca nada nos parezca suficiente.
Su forma de vivir la vida es mucho más humana y espiritual, ya que a lo que dan importancia es al interior y no tanto a la apariencia o las posesiones, y reconozco que esto es lo que marcó mi día a día durante mi estancia en este fascínate país.
Siempre tendré una deuda de gratitud con la gente de Nepal. Fui con la idea de dar y de hacer lo que más me gusta, mi trabajo como sanitario y acupuntor y terapeuta manual; sin embargo, cada vez que daba algo era recompensado con diez veces lo dado.








Intuyo que es cierto que debe de existir alguna ley del universo conforme a la cual cuando uno da, el universo te devuelve multiplicado lo que has dado; pero desde aquí abajo, ocupados como estamos en acumular y acumular bienes materiales, como si fuéramos a vivir para siempre disfrutando de ellos, en esta sociedad del “sálvese quien pueda”, nos hemos transformado en ciegos ante lo esencial.
Como decía El Principito de Saint-Exupéry, “he aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve sino con el corazón.


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